Video de software para el mercado mexicano
Producir en dos idiomas sin duplicar el trabajo. Lo que de verdad cambia entre un corte en inglés y uno en español, y por qué no son los subtítulos.
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Publico en inglés y en español desde 2019. Más de 800 videos de software, para más de 200 marcas, con el mismo sistema de producción y con dos idiomas encima.
La pregunta que me hacen los equipos es casi siempre la misma: ya tenemos el video en inglés, ¿cuánto cuesta la versión en español? Esa pregunta trae un supuesto adentro que conviene sacar antes de cotizar.
Lo que falta en español
Casi todo el software que grabo nace en inglés: la interfaz, la documentación y el vocabulario del producto. La versión en español, cuando existe, llega después, a veces traducida por máquina y casi siempre incompleta. El resultado es que alguien en México aprende el producto en un idioma y lo opera en otro.
Las preguntas que recibo en español tampoco son las mismas que recibo en inglés. En inglés preguntan por funciones. En español preguntan mucho más por el precio: en qué moneda se cobra, si hay factura, si el plan gratuito alcanza para empezar. Ese es el hueco. No es que falte contenido en español: es que el contenido en español rara vez responde las preguntas que la gente hace en español.
Un corte en español no es el corte en inglés con subtítulos
Esta es la parte que sorprende a los equipos que piden una cotización.
El idioma de la pantalla manda. Si la interfaz que se graba está en inglés, el guion en español tiene que nombrar el botón como aparece y explicarlo en español. Si el producto sí tiene interfaz en español, hay que grabarla otra vez, porque un guion en español sobre una captura en inglés obliga al usuario a traducir mientras aprende.
El orden de la explicación cambia. Lo que en inglés es un dato de contexto, en español suele ser la duda principal. El precio en dólares y la disponibilidad regional dejan de ser notas al margen. Un video que las deja para el final pierde a la persona antes de llegar ahí.
La duración no coincide. La misma idea en español ocupa más tiempo que en inglés. Si traduces el guion palabra por palabra sobre el mismo material grabado, la voz se te adelanta o se te atrasa respecto a lo que pasa en pantalla, y acabas acelerando la locución o recortando lo que sí importaba. Por eso no traduzco el guion: lo vuelvo a escribir contra la misma captura.
Los ejemplos no viajan. Un formulario de ejemplo con un domicilio y un teléfono de otro país obliga a un salto mental pequeño y constante. Es barato de arreglar y casi nadie lo arregla.
El vocabulario es el problema de fondo
Aquí no hay una regla universal, así que uso la mía y la sostengo. Si la palabra aparece en la interfaz, la digo como aparece en la interfaz. Si no aparece en ningún lado de la pantalla, la digo en español. Onboarding, webhook y dashboard se quedan tal cual porque el usuario los va a leer así. Espacio de trabajo, plantilla o permiso se dicen en español porque nadie pierde nada.
Lo que no se vale es alternar. Un video que dice tablero en el minuto dos y dashboard en el minuto seis le cobra al espectador una revisión mental cada vez. Una palabra por concepto, sostenida hasta el final. En español el costo de romper esa regla es mayor, porque el usuario ya está haciendo una traducción de fondo.
Cómo produzco los dos sin duplicar el trabajo
El truco no está en la edición. Está en decidir el idioma antes de grabar.
Grabo la pantalla una sola vez, limpia y sin voz. Esa captura es el activo caro: es donde se va el tiempo y es lo que no se puede rehacer barato cuando el producto cambia de interfaz. Después escribo dos guiones sobre el mismo material, no uno traducido.
Lo que sí se comparte es la captura, la estructura de secciones y los momentos donde ocurre algo en pantalla. Lo que no se comparte es la locución, el texto en pantalla, el ritmo y el orden de las dudas. Por eso pedir las dos versiones desde el principio sale mejor que pedir la traducción después.
Una captura limpia se puede reutilizar. Una captura con saltos de scroll o con zoom mal puesto hay que rehacerla completa para la segunda versión, y ahí se va la ventaja. Es una de las razones por las que terminé escribiendo mi propia grabadora.
Dónde vive cada video
Aquí es donde importa la diferencia entre mis dos empresas de video, y en español importa todavía más.
En SaaS Master aparezco yo. El video vive en mis canales y llega a mi audiencia. Sirve cuando el producto necesita que alguien lo descubra: la credibilidad viene de una persona con nombre que dice una opinión y la sostiene.
En DocFlow Studio no aparece nadie. El cliente es dueño del material y lo publica en sus propios canales, bajo su marca. Es la versión que sirve cuando el video va adentro del producto, en el centro de ayuda o en el correo de bienvenida. Jotform va más de 100 videos y Knack más de 20, volúmenes que solo funcionan porque ningún video individual es intocable: cuando la interfaz cambia, se vuelve a grabar el segmento y se reemplaza.
Para el mercado mexicano ese segundo modelo suele ser el que falta. Un equipo que ya tiene documentación en video en inglés y quiere atender a sus usuarios de México no necesita una alianza con un creador. Necesita ser dueño de su versión en español y poder actualizarla cuando cambie la pantalla.
Lo que haría distinto
Si empezara hoy con un producto que ya tiene usuarios en México, produciría la versión en español primero y la de inglés después. No por ideología: el español obliga a resolver antes las preguntas incómodas, que son la moneda, la factura y el nombre correcto de cada cosa. Un video que sobrevive esas preguntas se traduce hacia el inglés sin problema. Al revés casi nunca funciona igual de bien.